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lunes, 6 de abril de 2015

¿POR QUÉ SOY REPUBLICANO?

«Psicológicamente hablando, la Monarquía no es buena para quien la ostenta ni para quien la padece» 

Gregorio Morales Martínez, alcalde repubicano de Alomartes (Granada) y abuelo del autor del artículo 

¿Por qué soy republicano? 

Soy republicano, pero no por odio a la figura real. Tanto Juan Carlos I como Felipe VI tienen las mismas virtudes y debilidades que el resto de nuestros políticos. Si fuera republicano como reacción a sus defectos, ¿cómo debería reaccionar hacia los defectos del resto de la clase política? ¿Pediría por ello la Dictadura? No me mueve ninguna animadversión. Por más que la virtud de nuestros monarcas resplandeciera inmarcesible, yo sería republicano.
Tampoco lo soy porque mi abuelo lo fuera, porque tratase de defender la legalidad republicana y fuese fusilado junto a su primogénito mientras una familia numerosa quedaba en la miseria, en adelante obligada a aparentar adhesión al franquismo para sobrevivir. Si mi abuelo y mis tíos hubieran sido monárquicos, yo sería republicano.
No lo soy tampoco porque los españoles no hayan podido elegir aún entre Monarquía o República, ya que, si hubiera un referéndum y saliese Monarquía, aunque acataría sus resultados, yo seguiría siendo republicano.
No lo soy por romántica añoranza, no padezco de zapaterismo, caracterizado por una nostalgia de sainete, una idealización mítica, naif, del período comprendido entre 1931 y 1939, del que no se me ocultan las luces y las sombras. No es el pasado el que busco, sino el presente. Aunque no hubiera habido II República, yo sería republicano.
Tampoco lo soy porque crea que, en una República, habría leyes mejores o el pueblo estaría necesariamente mejor gobernado. Todos conocemos republicas infaustas, dictatoriales, bananeras, nepotistas, corruptas. Aunque todas las republicas fuesen un desastre, yo seguiría siendo republicano.
¿Por qué soy republicano?
Lo soy porque conozco el poder inmenso de las ideas. Y no hay idea más colosal, más permeable, que un símbolo, es la más efectiva arma que conoce la humanidad. No resulta en consecuencia gratuito el símbolo monárquico, que clausura el acceso de los españoles a la máxima institución del Estado. Es un símbolo que relega el mérito, la igualdad, es un claro mensaje de que la sangre prima sobre el talento y el trabajo.
Soy republicano porque he constatado cómo una Monarquía engendra pequeñas monarquías que a su vez se ramifican en otras pequeñas monarquías, y así ad infinitum, y esto ocurre en la política, en las empresas, en la educación, en la cultura... Los genes, el apellido, el abolengo, se erigen como razón suprema de la Jerarquía, arrinconando las aptitudes, lo que gangrena un país, estanca su movilidad social y grilla el camino hacia la excelencia.
Soy republicano porque, cuando la misma familia se perpetúa en el poder, lo normal es que lo transforme en “cosa nostra” y, así, las buenas prácticas se enrarecen, lo extraordinario se adocena, el pueblo se desdibuja y el Aparato comienza a servir no a la nación, sino a los individuos que la representan.
Soy republicano porque resulta injusto que la jefatura del Estado recaiga siempre en la misma familia, es un privilegio desmedido, y todos los privilegios resultan antidemocráticos. ¿Por qué razón los hijos reales nacen con un estatus que no se han labrado por sí mismos? ¿Cómo pedir entonces a nuestros propios hijos esfuerzo y superación?
Soy republicano por psicología. Conociendo al ser humano, sé que quien nace con un privilegio lo considera natural, algo que le pertenece, que tiene garantizado, y lo que se considera propio es normal que se obvie... Psicológicamente hablando, la Monarquía no es buena ni para quien la ostenta ni para quien la padece; en ambos casos, socava lo que se conoce por “individuación”, el crecimiento hacia uno mismo: a los príncipes y monarcas, los condena a la infatuación; al pueblo, a la minoría de edad.
Soy republicano porque, en tanto que perteneciente al pueblo, quiero asumir mis propios aciertos y errores, quiero hacerme responsable de mis éxitos y fracasos, quiero tener el estímulo de lo bien hecho y el sinsabor de lo mal hecho. Me niego a depositar ambos extremos en manos de papá. Prefiero una República con equivocaciones a una Monarquía con aciertos. ¿Qué persona sensata no optaría por los peligros de la vida, con sus alegrías y tristezas, fruiciones y sinsabores, a ser el eterno hijo protegido y mimado de sus padres? ¡Hay que salir de la jaula dorada! Permanecer en ella conduce a la depresión. Los pueblos amparados, cuya conducción no reside en sus manos, acaban siendo pueblos enfermos, como España lo es hoy. ¡Con errores, sí, pero con salud! Si vamos al precipicio, que vayamos conducidos por nosotros mismos no por pilotos vitalicios.
Soy republicano porque no creo en pirámides con vértices inamovibles, sino en la fuerza dinámica del individuo, en su capacidad creativa, de cambio, de renovación. Siempre hay una persona que encarna lo que un país necesita en un momento determinado, y deseo construir los mecanismos para que esta persona se abra paso con los menores obstáculos posibles. Es hermoso pensar que esa persona puede estar mezclada con nosotros en cualquier sitio, en la escuela, en la fábrica, en el campo, en la Universidad, y no en las lujosas estancias de un palacio.

GREGORIO MORALES VILLENA
Diario IDEAL, martes, 14 de abril, 2015

domingo, 28 de septiembre de 2014

LOS TRES LADRONCITOS

«Se comprueba que toda la familia consigue estar urdangarinizada» 

Jesús Ortiz, María del Carmen Álvarez y Henar Ortiz, padre, abuela y tía de la reina Letizia 

Los tres ladroncitos 
Cuento de miedo 


El Juzgado de Instrucción número 1 de Cangas de Onís ha abierto
 juicio oral contra Henar Ortiz, Menchu Álvarez del Valle y Jesús
 Ortiz, tía, abuela y padre respectivamente de la Reina Letizia,
 por un presunto delito de insolvencia punible. La acusación
particular pide dos años de prisión. La jueza les requiere una fianza
solidaria de 41.149 euros. El fiscal no ha presentado acusación.

L. A. Vega, La Nueva España, Oviedo, 26 de setiembre 2014


Se comprueba que toda la familia
consigue estar urdangarinizada:
cuando la tita Henar es acusada,
la abuela Menchu todo lo concilia.

También el buen Jesús de gorra auxilia
y en este cuento nadie paga nada,
que tienen la sentencia coronada
porque el fiscal padece borbonfilia.

Menchu, Jesús y Henar, tres complacientes
que estafan con muy pocas pretensiones,
no aciertan a imitar a sus parientes.

Pudiendo delinquir con ambiciones
se conforman con timos excedentes:
necesitan seguir unas lecciones.

No saben ser borbones
para hacer que se colme su codizia
con sólo usar el nombre de Letizia.

ARTURO DEL VILLAR

lunes, 30 de junio de 2014

TRANSACCIÓN

«La CIA trazó pormenorizadamente lo que Juan Carlos I debía hacer las seis primeras semanas de su reinado» 

Felipe VI se sostiene sobre las ruedas de la CIA y del CNI 

Transacción 

El pueblo, decía Louis Blanc, despertó asustado con el ruido de pasiones que no eran las suyas.
François Mitterrand, en “El Golpe de Estado permanente”

Constituye, pensamos hace tiempo, denominación engañosa la tan manida de “Transición”, por más que dicho vocablo se haya solidificado y expandido, según convenía al interés de los francofascistas transmutados en demócratas como por arte de birlibirloque, que encima se las ingeniaron para continuar, muchos de ellos, subidos al burro de los cargos políticos y prebendas conexas con los mismos. Un servidor cree en otra denominación que cuadra mejor, la de “Transacción”, o sea, acción o función de transigir (los demócratas y antifranquistas), esto es, de ceder o claudicar no poco.
La operación transaccional tejida en los primeros años setenta contaba con un grado elevado de “visto bueno”, para no decir de mando, por parte de USA, concretamente de uno de sus más infames y derechistas Presidentes, Richard Nixon, que temía un estallido democrático-revolucionario en España a la muerte del césar marroquí ferrolano. (Nos referimos, como ustedes sabrán, al Presidente que allí  llamaban “Tricky Dicky”, Dicky el Tramposo, quien había dinamitado poco antes al noble Presidente Allende, en Chile). Uno de los agentes de tal operación era un engreído militar de los servicios secretos medio castrenses-medio civiles de Carrero Blanco, el coronel San Martín, etcétera, llamado Fernández-Monzón (al que ustedes quizá recordarán por cómo fue más tarde, ya general, expulsado del mando de la Policía Municipal madrileña). Monzón, que viajaba entre Washington y Madrid (lean a Alfredo Grimaldos, “La CIA en España”), negaba que el Rey fuese el motor de la Transición. “Ni Suárez ni él fueron motores de nada -–afirmaba--, sólo piezas importantes de un plan muy bien diseñado y concebido al otro lado del Atlántico por la Secretaría de Estado y la CIA, plan que desembocó en la “Transición”. En el mismo se preveía una dura intervención del Ejército español en caso de que aquí se produjera un vacío de poder”.
También se preveía una operación, bajo auspicio de la CIA, diseñando pormenorizadamente lo que el Borbón debía hacer durante las seis primeras semanas de su reinado. Llamada “Operación Tránsito”, que dirigía en buena parte el General Armada, Secretario General de la Casa del entonces Príncipe, detallaba incluso que en los funerales de Franco el Rey debía ser efusivo con el Presidente de la República Alemana, pero frío con Pinochet. Ya Rey Juan Carlos, se confeccionó por los servicios secretos españoles un esmerado dossier, denominado archivo “Jano” (por lo de las dos caras del personaje mitológico), de la vida pública y privada de las principales personas del país, incluidos sus grandes trapicheos y corrupciones (a Girón, por ejemplo, parece que se le neutralizó recordándole sus tejemanejes en el Palacio de Congresos de Torremolinos).
En “Jano” se prestaba particular atención a los miembros de las últimas Cortes franquistas, haciéndoles conscientes de ello. De este modo, la Ley para la Reforma Política (Ley 1/1977) que debían votar dichos “procuradores en Cortes” el 18-11-76 haciéndose el harakiri, liquidando las “Leyes Fundamentales” del franquismo, salió adelante por enorme mayoría. A cambio de este “servicio”, dichas Señorías franquistas tendrían buen acomodo en el nuevo sistema posfranquista, y a nadie se pedirían responsabilidades. Y los demócratas teníamos que tragarnos todo esto, o no habría Democracia. Voilà la “Transacción”.
     Una añadidura o apéndice: los militares (Tenientes Generales) miembros de dichas Cortes fascistas votaron “no”, a saber: Barroso Sánchez-Guerra y Castañón de Mena, ex Ministros del Ejército; Lacalle Larraga, ex Ministro del Aire; Galera Paniagua; Iniesta Cano; Pérez-Viñeta. Ellos (varios, falangistas) no querían una Transacción, sino un franquismo sin Franco bajo control del Ejército. Por cierto que también votó “no” algún obispo fascista, como Guerra Campos. Blas Piñar, ídem, claro.

II

De todos estos polvos “transaccionales”, con absoluta impunidad del franquismo y numerosos franquistas detentando enorme poder desde la muerte de Franco hasta hoy, vienen no pocos de los actuales lodos. Éstos, con algunos aspectos especialmente preocupantes, como el pacto, concierto o componenda entre los dos partidos más numerosos, PP y PSOE, que en algunas dimensiones semejan un “Régimen”, turnándose a lo Cánovas y Sagasta. Este país nuestro sigue, en algunos aspectos, castrado, pendiente de “rescatar siglos”. Francia ha tenido cuatro “revoluciones burguesas” en 1.789, 1.830, 1.848, 1.870. Nosotros, sólo un dignísimo intento de una, la II República, que fue fusilada por el fascismo (incluidos Hitler y Mussolini entre los fusiladores).
El “sistema”, en suma, sigue siendo muy poderoso, incluyendo entre sus armas o instrumentos unas normas electorales que atentan contra la Democracia, que huelen demasiado a “partitocracia”. Igual que el supuesto Estado de Derecho hiede a Estado de Desigualdad, con inmensa burla de Artículos como el 35 de la Constitución (“derecho al trabajo y a una remuneración suficiente para el trabajador y su familia”) o el 47 de la misma (“derecho a una vivienda digna y adecuada”). Además, prácticamente todos los medios de comunicación (televisión, radio, prensa) son directamente propiedad de los grandes grupos económicos o les obedecen como párvulos. Para lo cual cuentan esos poderosos grupos con la obediencia de gran parte de la “clase política” que gobierna y fabrica las leyes. En cuanto a la jerarquía de la Santa Iglesia, parece tener un pacto de acero con la derechona, no oímos a los obispos clamar por que el pueblo de Dios deje de padecer hambre y sed de justicia… y de comida, trabajo, vivienda; ellos ya se llevan buenos millones de euros salidos de nuestros impuestos.
La Economía es, por supuesto, básicamente “financiera”, no está al servicio de la gente, sino del gran capital, de los bancos y sus negocios. Mas ¿de dónde se podría quitar dinero para atender a los más desfavorecidos? ¿Quizá de los enormes gastos militares, ya que no parece verosímil tener ninguna guerra? ¡Ah, no, eso no se toca! No nos dejaría “el gran padre blanco” de Washington. Además, las industrias de armamento ocupan uno de los grandes renglones de la dichosa gran Economía y de los omnipotentes mercados. Y no importa que haya corrupción aquí y allá, o escándalos como el de los ejecutivos de Caixa Penedès. El poder económico es el “poder real”, como dice Saramago. Que añade: “Es hora de aullar contra los poderes que nos gobiernan; si no, es que nos merecemos lo que tenemos”.

III

Parece obvio que los inmensos poderes económicos (el Fondo Monetario Internacional, FMI; la omnipotente Banca; las opulentas grandes empresas) y sus grandes vasallos, los poderes políticos, han dicho “basta” al reyezuelo desprestigiadísimo por sus escándalos, elefantes, Corinnas, por los urdangarines, por sus enriquecimientos y por tantas cosas más. Juan Carlos ya no puede garantizarles como hasta ahora una buena ayuda en su pillaje sobre el sufrido pueblo supuestamente soberano. Debe caer, deciden.
     La campana ha acabado de sonar con el resultado de las Elecciones del 25 de mayo, el citado hundimiento del bipartidismo celtíbero colaborador con dicho dúo de grandes poderes (iba a decir de amos del poder y la gloria, mal plagiando aquel título de Graham Greene), que han dicho “hasta aquí”. Obediente, el “régimen” de apareamiento PP-PSOE (lo que no quiere decir que ambos sean mellizos o equivalentes) ha dejado o hecho caer al monarca.
     Cabe recordar que Juan Carlos era un Rey ilegítimo, por más que fuese “legal” (“leyes”, haber haylas hasta en las más canallas dictaduras). Queremos decir que era un rey por “dedazo” del carnicero dictador Franco, para acceder a cuya corona hubo de traicionar y vender a su propio padre, quien encarnaba la “legitimidad monárquica” y que no aceptó este dedazo del “caudillo” fascista socio de Mussolini y Hitler. No lo aceptó ni cuando Franco designó a Juan Carlos para sucederle, en el verano de 1.969, ni cuando el mismo accedió a la corona, fallecido el dictador.
A los Borbones ya los ha echado el pueblo español varias veces (Isabel II y Alfonso XIII), sin contar que Carlos IV se echó a sí mismo al abdicar en Napoleón. Cuando estaban definitivamente liquidados del trono de España (desde 1.931), el dedazo de un dictador sangriento, que se hizo “Jefe del Estado” apoyándose en el fascismo italiano y alemán, gracias a los cuales dinamitó a la II República, puso otra vez en el trono ¡por cuarta vez! a un Borbón, Juan Carlos, que se ciscó en los “derechos” dinásticos de su padre. Quel pays!, solía decir de nosotros, cariñosamente, un buen amigo francés.

IV

Intentan vendernos la cabra --para que traguemos a un nuevo Borbón, Felipe-- de que a Juan Carlos y sus sucesores los admitimos los españoles al aprobar en referéndum la Constitución de 1.978 (Art. 57) el 6 de diciembre de dicho año. No, miren ustedes: una Constitución tiene dos caras o pieles, una jurídica y otra política. Y la cara o dimensión política nos dice que muchos españoles votaron dicha Constitución porque, como hemos apuntado, si no la votaban,  había que continuar con las “Leyes Fundamentales” de la dictadura militar-fascista. En suma, al pueblo no se le ha permitido legítimamente expresarse. Sino que admitió la Constitución bajo coacción. Repetimos: ilegítimamente.
Por ello, el “Príncipe Felipe” no tiene derecho a ser Rey de los españoles sin pasar por un referéndum monarquía-República. Porque, en consecuencia de lo hasta aquí dicho, el Régimen legítimo sigue siendo la República en tanto no haya un referéndum República-monarquía sin las coacciones y compulsión inherentes al referéndum del 6-12-78. Y porque, si rizamos el rizo, incluso la Constitución de 1.978 establece, en su Art. 92, la vía del posible Referéndum de todos los ciudadanos para “las decisiones políticas de especial trascendencia”. ¿Y ésta acaso no lo es?

José Luis Pitarch
Presidente federal de Unidad Cívica por la República

jueves, 12 de junio de 2014

ABRAN LOS OJOS

«Yo, de ser princesa aspirante al trono, sí preguntaría» 

La princesa Letizia se manifiesta por un referéndum para establecer la forma de Estado en España el pasado 8 de junio de 2014 en la Puerta del Sol. De izda. a dcha.: Juan Picó, Gregorio Morales Villena, Isabelo Herreros y Letizia Ortiz
(montaje fotográfico de 3 colores 3)

Abran los ojos 

Que cada uno crea su propia realidad creo que es algo que ya nadie, o casi nadie pone en duda. Ya decía el refranero español a su manera castiza, que no hay más ciego que el que no quiere ver, que es otra forma de decir lo mismo. Esto es así en líneas generales.
Pero en estos tiempos que corren en que la información llega a nosotros queramos o no, hay ciertas cosas que no se pueden obviar y más si te dedicas a lo público.
Ando yo dándole vueltas y preguntándome  qué haria esta que escribe, si la semana que viene me fuesen a proclamar reina de un país, me da igual cual fuera, y estuviese viendo manifestaciones, peticiones de referéndum, movilizaciones generales de una gran parte de  la sociedad clamando más que pidiendo, la libertad de elegir si quieren que yo reine sobre ellos o no...
Por regla general nunca me ha gustado ir allí donde no soy bien recibida, para empezar por mi misma y para seguir por respeto a quienes no me quieren, que sus razones tendrán. De manera que he llegado a la conclusión, que yo, de ser princesa aspirante al trono, sí preguntaría.
Supongo que mi manera de enfrentarme a esa situación es mia y de nadie mas.. . Pero como yo creo en la igualdad de todas las criaturas que habitamos esta tierra, me aventuro a extrapolar mi sentir.
Y por mas vueltas y vueltas que le doy no logro entender esa actitud de esconder la cabeza y hacer que no pasa nada... o de hacerse el ciego, como dice el refranero, que para el caso es lo mismo.
Me pregunto también por qué se niegan a hacerlo. No pasaría nada, si se vota y la mayoría dice que sí, pues nada, monarquía al canto... y si sale que no... pues si está tan preparado, vale tanto y tiene tantos seguidores, que se presente a las siguientes elecciones presidencialistas... quizá ganase y además lo haría refrendado por ese pueblo al que dice representar.
Nunca he entendido ese miedo enfermizo al cambio. La vida es eso, un puro y constante movimiento, un renacer cada mañana, evolucionar, crecer... en definitiva cambiar. Aferrarse al pasado, a lo establecido y encima querer pretender que eso  es lo mejor, denota una falta de fluidez tan grande,  como incompatible con el discurrir de todo aquello que está vivo. 
Los tiempos han cambiado, ya no somos súbditos, somos ciudadanos, la sangre que corre por nuestras venas tiene el mismo color que la que corre por la de ellos... abran los ojos por favor.


CONCHA CASAS

martes, 10 de junio de 2014

MONARQUÍAS

«En España no hay una monarquía, sino mil» 

Las monarquías proliferan en España

Monarquías 

El problema de la monarquía en España no es que hay una, sino que hay miles. La forma de organización suprema de un Estado es un símbolo poderosísimo que reverbera hasta en el más escondido reducto de la sociedad. La monarquía se refracta así en mil monarquías y cada una de ellas a su vez en otras mil monarquías, en una progresión geométrica que acaba embotándolo todo.
El rey ha estado 39 años en el poder, pero todos conocemos políticos que llevan los mismos años pegados al erario público y que aún seguirán emulando hasta la muerte la cualidad vitalicia de un monarca. Al trono se llega por sucesión, sin un refrendo, ¿pero no ha llegado de forma parecida Susana Díaz a la presidencia de Andalucía? Fue elegida por Griñán, y su proclamación como candidata se hizo en unas primarias precipitadas, evidentemente amañadas por el Aparato. Lo mismo ha ocurrido con su pobre antagonista, Moreno Bonilla, éste elegido simplemente a dedo por Rajoy. ¿Y el Parlamento y el Senado? Son los reyezuelos que reinan en cada partido los que toman las decisiones, que luego votan dócilmente sus lacayos. Hay monarquía en la Universidad, cuando son los hijos quienes acceden a las cátedras de los padres y de los abuelos. Hay monarquía en los consejos de administración de las empresas, la hay en los organismos del Estado. ¡Monarquías por doquier, en todas las esferas y a todos los niveles!
En los puestos claves del país se instalan, pues, aquellos que mantienen una relación sanguínea, sentimental o ideológica con los poderosos que los anteceden, de modo que la organización monárquica permea toda la pirámide, desde lo más bajo a lo más alto. Es comprensible la merma de España y su postración cuando el talento y la creatividad encuentran de modo sistemático cerradas las puertas, esas celosas puertas que sólo se abren por motivos ajenos a las necesidades reales.
¿Con qué derecho exigimos que la excelencia triunfe si en la máxima institución del Estado cuentan los genes? ¿Podemos pedir a los ciudadanos lo que no le pedimos al jefe del Estado? La cuestión crucial entre monarquía o república no radica en el coste de la primera, que puede ser más o menos elevado según lo que decida el país, ni en que también hay repúblicas bananeras, sino en que los peldaños que ascienden a la cima de la montaña deben estar expeditos para quienes deseen transitar por ellos. De este modo se ofrece el saludable mensaje de que, primero, no hay sagrarios vedados; y segundo, que el único requisito para penetrar en ellos son la preparación, la voluntad, el afán de servicio o la ambición.
El mensaje es aún más trascendente en los países mediterráneos, tan dados al enchufe y al nepotismo, por lo que la monarquía les suele ser letal, ya que alimenta sus más ancestrales defectos. La monarquía planta ante los atónitos ciudadanos la contradicción que se establece entre lo que necesita y anhela un país y su negación radical en la cumbre de la pirámide. Los elogios desmedidos de estos días a la institución, esas unanimidades sospechosas entre la casta privilegiada, tienen como misión enterrar la consciencia que ha comenzado a abrirse en el pueblo. ¡Ninguna de las miles de monarquías que prosperan felizmente en España quiere desaparecer!

GREGORIO MORALES VILLENA
Diario IDEAL, martes, 10 de junio, 2014