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jueves, 14 de agosto de 2014

UNA ROSA OLVIDADA

«Matilde tenía en el momento de su asesinato “legal” 40 años y había sido directora de la Prisión Provincial de Mujeres de Valencia» 

Matilde Revaque Garea, fusilada el 13 de agosto de 1940 

MATILDE REVAQUE GAREA, UNA ROSA OLVIDADA 

Hace setenta y cuatro años, un 13 de agosto de 1940, era fusilada en Madrid, ante las tapias del cementerio del Este (La Almudena) la funcionaria del Ministerio de Justicia  Matilde Revaque Garea. Fueron compañeros de infortunio, aquella madrugada, ocho hombres, algunos de ellos policías de la República, algo gravísimo entonces, como lo era el haber sido directora de una prisión de mujeres. Matilde tenía, en el momento de su asesinato legal, 40 años, y había sido directora de la Prisión Provincial de Mujeres de Valencia, el más alto cargo ocupado por una mujer del cuerpo femenino de prisiones creado por Victoria Kent, una vez que las mujeres pudieron acceder a este colectivo de funcionarios, que hasta entonces no existía y cuya función estaba encomendada por el gobierno de la Monarquía a las monjas de la Orden de la Merced. Como era habitual, en aquellos simulacros de juicio organizados por el régimen franquista, no fue admitida prueba alguna a la procesada, y todo se basó en unas acusaciones de maltrato, presuntamente infligidas a “damas de España”, encarceladas por su pertenencia un partido que había sido declarado ilegal por la República, la Falange, por su probada actividad criminal.  No quedó acreditada participación alguna en los crímenes de los que se acusaba a Matilde, antes al contrario, todas las denuncias partían, no de familiares de alguna victima de la represión ilegal en el territorio controlado por la República, sino de las “damas de España”, todas vivitas y coleando, sobrevivientes del “terror republicano”, como era el caso de Pilar Millán Astray, o de Caridad Valero Julve, esta última alto cargo de la Sección Femenina de la Falange durante muchos años, y no hace mucho homenajeada en Castellón, tras su defunción, por haber sido concejala durante el franquismo, con el voto a favor de toda la corporación, incluida la izquierda.
Desde hace unos meses trabajo en la biografía de Matilde, una mujer que había sido maestra nacional, y que se incorporó por vocación a la reforma penitenciaria republicana, desde su condición de funcionaria. Había nacido en el pueblo vallisoletano de Serrada, si bien su familia se asentó pronto en Santander, donde Matilde realizó sus estudios, al igual que su hermano, Jesús Revaque, que llegaría a ser un relevante pedagogo en los años republicanos y que después, en el exilio mexicano, dirigió muchos años el emblemático Colegio Madrid.
La primera vez que leí el nombre de Matilde Revaque Garea fue en una entrevista  realizada a la profesora Guillermina Medrano, tras regresar de su exilio en EEUU a su Valencia natal. Guillermina, que había sido una mujer precursora en muchas cosas, entre otras en ser la primera mujer concejal del Ayuntamiento de Valencia, hablaba con admiración de Matilde,  mujer de vanguardia y cultísima, y que fue presidenta del grupo de Mujejes de Izquierda Republicana. A partir de ahí empecé a recabar datos y papeles, con la intención de dar a conocer la trayectoria de una de las mujeres más interesantes de nuestra Segunda República.

En fecha reciente, como cada año, se ha celebrado en Madrid un homenaje a las conocidas como Trece Rosas, militantes algunas de la JSU, organización aneja al PCE en los años de la guerra civil, y que fueron fusiladas un día 5 de agosto de 1939. Un año más, Matilde  Revaque, y su compañera del cuerpo de prisiones Isabel Huelgas, también fusilada, han sido olvidadas. Sirvan estas líneas de modesto homenaje y recuerdo ante tanta amnesia.

ISABELO HERREROS 

lunes, 16 de junio de 2014

¿CUÁL PUEDE SER NUESTRA "MARCHA DE LA SAL"?

«¡Necesitamos un poderoso símbolo!» 
 
Gandhi toma un puñado de sal de la orilla del océano Índico el 5 de abril de 1930

¿Cuál puede ser nuestra "marcha de la sal"?

Los republicanos necesitamos una “marcha de la sal”. Necesitamos un hecho poderosamente simbólico que revele las contradicciones de la Monarquía, su alineamiento con los poderosos, su corrupción, y que conduzca indefectiblemente a la sociedad indecisa hacia la República. Una marcha de la sal que destelle en esta mediocridad de pensamiento que nos cerca y que, por el corazón, gane al mundo para la causa, de la misma forma que aquella República cercenada en 1936 ganó a los demócratas de todo el mundo.
            Antes de convertirse en súbditos británicos, los habitantes de la India fabricaban su propia sal directamente del océano, pero los colonizadores la nacionalizaron e instauraron un impuesto. La sal no sólo se encareció, sino que su producción privada pasó a ser ilegal. En este contexto, Gandhi inicio el 12 de marzo de 1930 una larga marcha de 300 kilómetros que pasó por numerosas ciudades indias al tiempo que reclutaba más y más activistas, hasta llegar al Índico, en cuya orilla tomó un puñado de sal. ¡Nada más! En seguida le siguieron quienes le acompañaban. Y luego, en todo el país, los hindúes comenzaron a fabricar su propia sal. Hubo más de 60.000 detenidos, Gandhi entre ellos, pero la prohibición era tan flagrante y la inocente acción de producir pequeñas cantidades de sal ganó hasta tal punto el corazón de la prensa occidental, que Churchill no tuvo más remedio que ceder, lo que contra todo pronóstico supuso el comienzo del fin del dominio británico en la India.
            ¡Necesitamos una acción así! ¿Cuál puede ser nuestra marcha de la sal? Necesitamos erigir un poderosísimo símbolo de esta clase, el único que podrá hacer de palanca para extirpar de la herida de España este mastodonte borbónico que la aplasta, este ogro voraz que se nutre de los poderosos a la par que los alimenta vaciando el bolsillo de los españoles. Ni las manifestaciones ni las ruedas de prensa ni las estadísticas ni las informaciones ni los discursos, por más veraces, efectivos y contundentes que sean, podrán tener el efecto de una marcha de la sal. ¿Cuál puede ser nuestra marcha de la sal?
            Lanzo la propuesta porque sé que la inteligencia, la cultura y la creatividad están en los republicanos. ¡Pensad, discurrid, dilucidad y compartid vuestros hallazgos con los compañeros, con los medios republicanos, conmigo! No tengáis miedo al ridículo. Es otro lastre de la España inquisitorial que una República debe erradicar. ¡Tener miedo al ridículo es tener miedo a expresar lo que se siente, es por tanto un ataque a la libertad de expresión, de pensamiento, de imaginación! Así que buscamos todas, todas las opiniones, hasta las más inverosímiles o pintorescas o utópicas o irreales. A veces en lo más absurdo puede estar el mayor hallazgo. Queremos vuestras ideas, desde las grandes y geniales hasta las pequeñas y comunes. ¿Cuál puede ser nuestra marcha de la sal?
            He aquí las características que debe cumplir:
            1) Debe ser algo que una a todos los republicanos independientemente del espectro político que ocupen.
2) Debe tocar el corazón, ser algo emotivo, que conturbe a la opinión pública y la haga simpatizar con la causa.
            3) Debe ser algo que simbólicamente implique a la mayor parte del pueblo español, algo que con lo que buena parte de la sociedad española pueda sentirse concernida.
            4) Debe ser algo que atraiga la atención de la prensa, entre otras cosas porque Gandhi no habría conseguido nada sin ella (la marcha de la sal fue seguida por un séquito de periodistas).
            5) Debe ser algo inocente, trivial, inofensivo, y que, sin embargo, implique un reto profundo a la organización actual del Estado, de modo que éste no pueda ni callar ni hacer la vista gorda ni silenciarlo.
            6) No debe retrasarse más allá del comienzo del otoño, siendo su fecha ideal entre la última quincena de septiembre y la primera de octubre.
            ¡Pongámonos a pensar! ¡Pasemos esta petición de mano en mano! Necesitamos todas las opiniones, todas las ideas, necesitamos perentoriamente una marcha de la sal. ¿Cuál puede ser nuestra marcha de la sal?
 

jueves, 5 de junio de 2014

TRES COLORES

«Iniciamos nuestro camino mientras el horizonte amanece rojo, amarillo y morado» 

Las tres obras maestras de Krzysztof Kieslowski que siguen los colores de la bandera republicana francesa: "Azul", "Blanco" y "Rojo" 

Tres colores 

De 1993 a 1994, Krzysztof Kieslowski dirigió su trilogía “Tres colores”, una de las obras maestras del cine y del arte universales, basada en los tres colores de la bandera republicana francesa, por lo que llamó sucesivamente a sus filmes “Azul” (1993), “Blanco” (1994) y “Rojo” (1994), un homenaje al país que le había abierto los brazos (Kieslowski era polaco) y al amor, la libertad y a belleza que eran posibles en su suelo.
Lo mismo que hizo Kieslowski en el campo cinematográfico, llevan los españoles haciéndolo con la vida y cifrando en los tres colores de la bandera republicana española –rojo, amarillo, morado- sus aspiraciones de una convivencia más bella, más democrática, más limpia, más profunda. Como no existen las casualidades, ya que en el universo todo es intercambio de comunicación, no es gratuito que una excelsa trilogía cinematográfica sea también la denominación de nuestra más excelsa meta simbolizada en estos tres colores, la bandera tricolor española, y que sea también el nombre que encabeza nuestro blog, dirigido a sumergirse, explorar, escalar o patearse aquellos caminos que nos conduzcan a una república en España, pero no de cualquier modo, sino tratando de conseguir con nuestra actuación y en nuestras palabras aquello que deseamos fervientemente para el país, ¿pues puede instalarse una República en algún lugar si antes no se halla en el interior de nosotros mismos?
Y como queremos verdad para el país y no mentiras y maquiavelismo, y como queremos igualar a los ciudadanos por lo más alto y no por lo más bajo, y como amamos la cultura y la vida y nos decantamos por la desnuda honradez que hace tiempo abandonó la sociedad española, escribiremos con esas mismas premisas. De este modo, si adviene una República, lo hará como debe hacerlo, y no lanzada como un alud, pues no deseamos que, con el tiempo, de aquellas lluvias sean estos lodos, sino, por el contrario, nos proponemos que la Tercera sea la definitiva, que se acabe durante un par de siglos al menos el debate sobre la forma de Estado, y que por fin los españoles puedan vivir en libertad real y utilizar su enorme energía en cuestiones que no sean nacionalistas.
El fin de nuestros tres colores no es, sin embargo, la forma de Estado, aunque parta necesariamente de ella, sino cada una de las personas que lo componen, con su problemática, con sus características y aspiraciones particulares. Los ciudadanos no pueden ser números o estadísticas, sino nombres y apellidos, valiosos nombres y apellidos, tan imprescindibles como puede serlo el del primer mandatario del país.
Así que iniciamos nuestro camino mientras el horizonte amanece rojo, amarillo y morado, y marchamos hacia él porque los colores son una meta, un objetivo, y mientras permanece en nuestra mente, nuestras botas recorren paso a paso la ruta.

ISABELO HERREROS
GREGORIO MORALES VILLENA
FRANCISCO J. PÉREZ ESTEBAN